Por Carlos Meraz

En la literatura, Shangri-La es una ciudad utópica, del imaginario del escritor británico James Hilton para su novela Horizontes Perdidos de 1933, acerca de un valle exótico, un paraíso terrenal en la cordillera del Himalaya, donde la felicidad es permanente, casi como las vidas de sus pobladores que superan la centuria.

Pero en la música, Shangri Laa es una propuesta de sonido neosicodélico con beats electrónicos y letras melancólicas, a veces cantadas, otras rapeadas y hasta declamadas. En un concepto indie de manufactura nacional ideado por Diego Wido, guitarrista, tecladista y productor de la banda, integrada por su hermano Víctor, en la guitarra y voz; así como Pablo Díaz, en la batería y Sebastián López, en el bajo. 

Con una oferta experimental, desinhibidamente ecléctica y de retórica rítmica, Shangri Laa lanza su tercer sencillo Insaciable, que será parte de la edición de su próximo EP.

“Estudié producción musical en Fermatta y luego ingeniería en audio, incluso mi tesis fue de musicoterapia; pero las letras siempre me han costado trabajo, en cambio a mi hermano Víctor se le facilitan y así empezó el grupo.

“Ahora tenemos grabada la mitad de nuestro EP, con los temas Insaciable, Etérica melodía, De noche y en lo lejos y Diablo y piel”, expresó Diego.

DISEÑADOR DE MÚSICA
Shangri Laa ha creado su propio estilo pychedelic soul, basado en sus influencias musicales, que van de Pink Floyd y Led Zeppelin a Tame Impala y Columpio Asesino, para la “creación de atmósferas sonoras”.

— ¿Qué ingredientes tiene tu receta auditiva?
— Por kilo musical tenemos 600 gramos de sicodelia, 200 de rap, 100 de declamación y 100 de techno.

— ¿Tu sonido más que ambicioso es pretencioso?
— Es correcto. Lo es porque busca innovar con la mezcla de géneros aparentemente irreconociliables.

— ¿Músico o diseñador de sonido?
— Soy productor y diseñador de sonido. Concibo la música como un rompecabezas, porque no es lo mismo ser virtuoso ejecutante a ser procesador de sonidos, como es mi caso. 

Diego reiteró que su desempeño musical en el estudio de grabación aspira a ser como el de Moby o Giorgio Moroder, pero no por eso pretende maquilar deliberadamente éxitos pop prefabricados, con fórmulas probadas en la industria  discográfica.

“Hay música que se hace con templates, como la de Bad Bunny, que lanza canciones en serie. Es como fast food musical, hecha para consumirse rápido, pues su tiempo de vida es muy corto; en cambio nosotros apostamos a preparar cortes finos, que son más sofisticados y duraderos para el oído. Esa es la gran diferencia”, concluyó.

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