Por Francisco X. López

En el medio del cómic mexicano hay autores legendarios. Uno en particular se colocó en un lugar especial por múltiples cualidades que van mucho más allá del talento.

Rubén Armenta Estrada se forjó una identidad y una fama a base de decisión, perseverancia, tenacidad, constancia y una voluntad a prueba de todo. Parte de la generación que incursionó en el cómic nacional, a mediados de los años 90, se diferenció de sus colegas por no tener un gran talento natural para el dibujo. Esta situación hubiera desanimado a muchos (como pasó en la realidad), pero a Rubén únicamente le “picaron la cresta” y convirtió lo que para muchos era un defecto, en una virtud.

El Monito”, es mucho más que el “peor personaje del cómic mexicano”, como Rubén lo describía, es la metáfora de los sueños y dificultades de su creador. Un simple dibujo de bolas y palitos, como el que dibuja cualquier niño de cinco años, se convirtió en el personaje capaz de reunir, en torno a sus desventuras, a los dibujantes más renombrados de finales del siglo pasado y principios de este.

“El Monito” es capaz de viajar entre todos los universos imaginables y hacer desatinar a los héroes y villanos más poderosos pues, como su autor, no sabe rendirse.
Armenta no se limitó al cómic, también fue guionista y director de cortometrajes, a pesar de ser rechazado en el CUEC. Su padre trabajaba como proyeccionista o “cácaro” y de ahí nació su amor por el séptimo arte. Sus filmes fueron exhibidos en distintos foros y le valieron reconocimientos, como el otorgado por la Convención CONQUE, apenas en mayo pasado, donde se homenajeó su trayectoria.

Hace unos años, Rubén comenzó a tener problemas físicos. Primero era común verlo con un bastón, después con una andadera y, últimamente, en silla de ruedas. Aún así su presencia era obligada en eventos, ferias y convenciones de cómics, siendo el único autor independiente con más de 20 años de producción constante.
Su cara era conocida también en el medio del cine, su blog CinextremoExtra tiene más de 15 años de existencia y prácticamente no había premier o función de prensa donde no estuviera presente.

Un hecho poco conocido es que visitaba hospitales y casas hogar para, junto a sus amigos, regalar cómics a los niños.

El 20 de julio, Rubén se quedó dormido, ya no despertó. Complicaciones de la enfermedad de Parkinson cortaron de tajo sus metas e ilusiones. Su nombre y su historia inundaron las redes sociales; en radio, televisión y periódicos se dio a conocer su deceso y miles de sus fans y amigos se unieron en una mezcla de tristeza y celebración de su vida.

Descanse en paz el hombre que nos enseñó que los héroes de los cómics no siempre están en las páginas, a veces son de carne y hueso.

Imagen de francisco.lopez

Francisco Xavier Lopez Martinez


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