Por Roberta L. Flores Ángeles

Me robaron las palabras y escribo estas líneas para rescatarlas de donde sea necesario. Todo comenzó hace un par de semanas que llegó la epidemia a nuestro país, debíamos encerrarnos y cuidarnos. A partir de entonces llevo días intentando escribir, compartir, aportar algo quizá… pero no lo había logrado y no sé aún si podré.

Mis emociones han cambiado de tal manera desde que inició la cuarentena, que si las representara con algún color en la pared fácilmente tendría un gran arcoíris. Ha habido momentos de angustia, sobre todo por imaginarme en la posibilidad de portar el virus sin saberlo y llevarlo a alguien vulnerable. He tenido ratos en los que la incertidumbre me plantea muchas preguntas, algunas de las cuales tengo que abandonar porque son profundamente absurdas y otras porque claramente no tengo respuestas. El enojo ha aparecido cuando me descubro con miedo al salir a comprar algo necesario y otras cosas que hace un mes eran una tomada de pelo… y entonces me perturba sentir trastocada mi autonomía.

Al mismo tiempo, en mi arcoíris se han dibujado colores de alegría como cuando descubrí esa canción desconocida que me hizo muy feliz una mañana o el día que llegó una llamada de alguien con quien hace mucho no lograba coincidir para vernos en vivo y en persona. Me han visitado sensaciones de paz y tranquilidad como aquella tarde en que subí a la azotea y me topé con el atardecer o la de hoy -mientras escribo estas líneas- que escucho el aleteo de los pájaros y sus cantos fundidos con el de los grillos, espectáculos que en las ciudades nos detenemos pocas veces a apreciar.

Así ha sido este tiempo, extremadamente sensorial. Sentir las emociones recorriendo mi cuerpo; sentir constantemente el agua y el jabón en las manos; sentir el rostro defendiéndose de ser tocado por mi mano distraída; percibir con familiaridad los aromas del alcohol y el cloro; escuchar el silencio de las calles hoy poco transitadas; sentir una tensión en el cuerpo cuando voy a la tienda de la esquina y entra alguien que no sé si usará la sana distancia… y acto seguido, sentirme mala persona por ese miedo al otro. También sentir que el espacio en el que estoy es mío y a la vez no lo es, una sensación indescriptible por la falta de contraste que se produce en el ir y venir, en el estar adentro y afuera, en lo público y lo privado… y que hoy pocas –o nulas- oportunidades tenemos de hacer.

Quizá hoy es tiempo de sentir y no de pensar tanto. De sentir aquello que nos es valioso, de sentirlo por saberlo ausente o transformado. Quizá por eso no he podido escribir mucho. Tal vez me hice alguna imagen previa de “aprovechar” la cuarentena para hacer cosas a las que no les dedicaba el tiempo suficiente, como escribir, planear unos cursos, ver aquellas películas imperdibles… hacer, aprovechar, producir. Pero hoy me doy cuenta que quizá no he podido hacerlo porque estoy haciendo algo que no tenía mucho espacio en mi vida: contemplar. Contemplarme, sentir mis vibraciones emocionales, recordarme y sentirme en la vulnerabilidad, conectar con la finitud de la vida, sentirme desde las entrañas en este proceso de adaptación, contemplar mi vida para quitar aquellas cosas que estorban y quedarme con lo que me es realmente valioso.

Espero que estas líneas me ayuden a recuperar las palabras pero si no es así, sabré –al menos- que mi silencio será porque estoy simple y llanamente contemplando.[2]

 

Morada: narrativas cotidianas

Roberta L. Flores Ángeles

Esta es mi morada… en la cual quiero compartir algunas reflexiones que me asaltan de vez en vez. Soy psicóloga y elijo ubicarme desde la terapia narrativa y el feminismo como una forma de preguntar(me), mirar(me), dialogar(me). Me interesa mucho generar conversaciones dentro y fuera del consultorio que abonen a que las personas nos vivamos desde identidades preferidas.

https://www.robertaterapia.net/

 


El covid19 es una amenaza real para toda la humanidad pero el sistema capitalista nos ha robado tanto que hoy cuidarse es un privilegio. En mi caso, soy de las personas que puede hacer el #quedateencasa sin sentir que eso significaría que mañana no habrá para comer. Desde ahí me pregunto, desde ahí he tenido buenos y malos días, desde ahí he tenido miedo, desde ahí he podido hacer algunas cosas que me hacen sentir bien. Desde esa posición privilegiada es que tengo la posibilidad de escribir estas líneas.

 [2]  Agradezco enormemente las conversaciones que surgieron en el consultorio de esta semana que aún desde la virtualidad me han ayudado a encontrar en la contemplación una primera palabra a ser recuperada.

Imagen de roberta.flores

Roberta L. Flores Ángeles

Se dedica, desde 2017, a la práctica clínica independiente con personas adultas desde el enfoque de la Terapia Narrativa. Es consultora y capacitadora independiente por más de 12 años en temas de género (atención psicológica de la violencia de género, atención psicológica del acoso y hostigamiento sexual; políticas de corresponsabilidad) dirigidos a instituciones públicas, universidades públicas y organizaciones no gubernamentales. Fundadora, coordinadora general y docente de la escuela virtual ‘isárica: formación y acompañamiento feminista, desde 2018. Fue secretaria técnica y responsable de programas comunitarios de género y violencia en el Centro Comunitario “Dr. Julián Mac Gregor y Sánchez Navarro” de la Facultad de Psicología (UNAM) (2006 a 2012). Fue coordinadora del Diplomado en Línea Introducción a la Teoría e Investigación Feminista, del Centro de Investigación Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades-UNAM (2017). Tiene experiencia docente, por más de 10 años, en entornos virtuales y presenciales. Para instituciones como la Facultad de Psicología, el Instituto de Investigaciones Jurídicas, el Centro de Investigación Interdisciplinaria en Ciencias y Humanidades de la UNAM; la Facultad Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales-Argentina dentro del Programa Regional de Formación en Género y Políticas Públicas de la Maestría Virtual en Género, Sociedad y Políticas; y el Instituto Nacional de las Mujeres. Cursos virtuales sobre género y discriminación. Tutora (colaboradora externa).

Importante: Este contenido es responsabilidad de quien lo escribe, no refleja la línea editorial del Diario de México