Por Marcelo Fabián Monges / Escritor y periodista

Importante: Este contenido es responsabilidad de quien lo escribe, no refleja la línea editorial del Diario de México

Ese viernes 27 de marzo se le empezó a caer el teatro de López Obrador. Comenzaron a suceder hechos que estaban totalmente fuera del guion del gobierno. El día anterior se había empezado a difundir que funebreros de Toluca afirmaban que en esa ciudad había habido 70 muertes por coronavirus y que habían sido registradas como “neumonía atípica”[1].[2]

En ese marco un hashtagque se llamaba #NeumoníaAtípica fue trepando en Twitter y se mantuvo todo el día creciente y vigente. El tema entonces fue tomado por otros medios de comunicación que comenzaron a preguntarse si esto era cierto, si podía ser posible.

En este marco, la periodista Denise Maerker entrevistó en su programa de radio, Atando Cabos, en Radio Fórmula, al subsecretario de Salud Hugo Gatell y aprovechó la entrevista para preguntarle sobre el tema. El subsecretario Hugo Gatell le cortó lacomunicación[3]. Algo en extremo insólito. Mucho más para un funcionario, como Hugo Gatell, que a pesar de que ha hablado una cantidad increíble de cosas delirantes sobre la pandemia, como por ejemplo que el cierre de fronteras no tiene ninguna base científica, o que realizar exámenes para saber si alguien tiene coronavirus no tiene ningún sustento, o que López Obrador tiene “fuerza moral” y por eso no se va a contagiar de coronavirus, a pesar de todo eso, hasta esa entrevista, Hugo Gatell ha sido un cuidador de las formas. De alguna manera, podemos decir que ante la pregunta de Denise Mearker sobre los muertos anotados como neumonía atípica, Hugo Gatell salió corriendo.

 

Cambian las cifras del Sistema Único Automatizado de Vigilancia Epidemiológica

Este sistema, perteneciente a la Secretaría de Salud Federal se encarga de monitorear y registrar los casos de las enfermedades que están dentro de su competencia en todo el país año con año.

Para la semana anterior al 20 de marzo, este sistema daba cuenta de 40 mil 220 casos de personas con infecciones respiratorias agudas en todo México. A esa altura, México tenía, según fuentes oficiales, 164 casos de coronavirus. Así lo consigna en una columna publicada en el periódico El Universal, Peniley Ramírez, titulada, “COVID 19- Esto está pasando en los hospitales”[4]. Pero la cantidad de exámenes que se habían realizado para saber quiénes tenían coronavirus eran muy pocas. Sin exagerar, podríamos decir que era casi rídiculo el número de pruebas frente al número de casos.

Quienes comenzaron a denunciar que estaba sucediendo con los casos de coronavirus y los cambios a neumonía atípica deberían haber copiado las pantallas, con los datos de otros años de este Sistema Único Automatizado de Vigilancia Epidemiológica, donde se pudieran ver los casos de neumonía atípica, neumonía comunitaria, neumonía en general, influenza, y compararlo con los de este año. Para poder demostrar que la subida en la curva y registro de casos era inusual respecto de otros años. Pero nadie lo hizo. Hay que considerar que para poder acceder a este sistema solo se puede hacer teniendo una clave especial, que tienen solo quienes estén autorizados para hacerlo dentro del sistema de salud. De hecho, si uno quiere acceder le sale un anuncio que dice textualmente: “Esta página es para uso exclusivo de la Comunidad SINAVE del Sector Salud, para información epidemiológica, favor de dirigirse a: www.gob.mx/salud ”.

 

Datos de la periodista y especialista en temasde salud, Ruth Rodríguez

En este contexto, la periodista Ruth Rodríguez, especializada en el tema de salud, columnista del periódico Excelsior, y muy respetada en el medio periodístico, cuyo perfil en Twitter dice: “Periodista especializada en temas de salud y políticas públicas del sector. Autora de la columna “En el Quirófano”, en Excélsior. Mi pasión es el periodismo, ” escribió este tuit, el viernes 27 de marzo a las 3:07 PM :

Especial

Posteriormente escribió este otro tuit:

Especial

Y como parte de un hilo, escribió este otro tuit:

Para terminar de dejarlo claro, Ruth Rodríguez escribió en su cuenta de Twitter:

 

Posteriormente Ruth Rodríguez escribió:

Como se puede ver, abajo del tuit de la periodista especializada en temas de Salud, Ruth Rodríguez,está la respuesta que tuvo a su tuit del subsecretario de Salud Hugo Gatell, quien le dice que este viernes (pasado) a las 19:00 horas, durante la conferencia de prensa (en Palacio Nacional) sobre #COVID19, hablaría acerca de la neumonía atípica, un tema que ha generado dudas y noticias falsas.

Pero sucedió un detalle. El subsecretario Hugo Gatell no asistió a dicha conferencia de prensa en Palacio Nacional. Algo que llamó profundamente la atención, sobre todo, después de que ese mismo día le cortara la comunicación a Denise Mearker mientras lo entrevistaba y le preguntaba por el mismo tema.

Lo que está denunciando la periodista Ruth Rodríguez es nada más y nada menos que la modificación de los registros de casos de neumonía atípica por parte de este gobierno.

En este contexto, también el gobernador de Jalisco Enrique Alfaro, quien en días anteriores había anunciado la compra de cantidades importantes de pruebas para hacer exámenes de coronavirus, y había dicho que en su estado no ocultarían los casos, se quedó esperando las pruebas que compró porque las mismas se quedaron trabadas en la aduana. Hay quienes dicen incluso que el proveedor al que le compró las pruebas, o al que le intentó comprar las pruebas, ya no le respondió y no lo pudo contactar. Nadie debería dudar de que la verdadera causa de que el gobernador de Jalisco no consiguiera las pruebas para hacer exámenes de coronavirus, se debe a una operación política del gobierno de López Obrador, quien hace unos días, les había prohibido a laboratorios privados realizar exámenes de coronavirus, con la intención de ocultar los casos,como se denunció también en esta columna. En días posteriores, el gobierno federal modificó esta disposición, autorizando a algunos laboratorios privados a realizar exámenes, ante la presión social y de la prensa.

Fue en este marco, de desaseo total, cuando al tetro del gobierno federal para esconder los casos y los muertos de coronavirus se le estaban incendiando las butacas, las cortinas, el escenario, y hasta los actores, cuando la noche del viernes 27 de marzo salió entonces López Obrador a publicar desde su cuenta de Twitter un videíto casero donde les pide a los mexicanos quedarse en su casa. “Porque si no se nos vana saturar los hospitales”, dice en el mismo.

Esto, después de que su subsecretario de Salud Hugo Gatell, quién parecía tener cara para todo, saltaba del barco, al menos por el momento, y no asistía a la conferencia de prensa, y desde el gobierno no sabía cómo ocultar la operación armada para esconder los casos de coronavirus como neumonía atípica.

También en este contexto, el periodista Ciro Gómez Leyva, en su informativo nocturno en Imagen TV, de la noche del jueves 26 de marzo, afirmó que médicos especialistas del estado de Nuevo León,sostenían que se les había ordenado diagnosticar como neumonía atípica los casos de coronavirus.

El viernes 27 de marzo, Ciro Gómez Leyva en su informativo nocturno en Imagen TV, volvió a retomar el tema, y dijo que tenían la historia completa, que Médicos de Nuevo León les aseguraban que les habían ordenado cambiar los diagnósticos de coronavirus por neumonía atípica. Pero que no sacarían la historia porque los médicos no quisieron dar la cara y dar sus nombres. A ver el lunes dijo, si los médicos cambian su posición.

Acá hay varios elementos para tener en cuenta. Por un lado, la responsabilidad periodística. El prestigio. El cuidado de la propia credibilidad. Pero también el interés general. Y el derecho legal de un periodista de reservarse sus fuentes. Porque seguramente, cualquier ser pensante se daría cuenta que a esos médicos, si dan la cara y dicen sus nombres, este gobierno vengativo de López Obrador se encargaría de que por lo menos, los echen de sus trabajos. Entonces, cabe preguntarle también a Ciro Gómez Leyva de manera muy respetuosa, ¿Dónde quedó el interés general? ¿Dónde quedó entonces el derecho de reservarse sus fuentes? ¿Por qué callar ante una política que a todas luces es criminal? Porque no querer que haya pruebas de coronavirus para que no haya casos, y ordenar anotar los muertos por coronavirus como muertos por neumonía atípica, es un crimen sin ninguna duda.

Un escándalo por la revelación de fuentes periodísticas ya se había armado, durante esta administración cuando López Obrador le reclamó a Loret de Mola que revelara sus fuentes, cuando publicó la carta que este gobierno le mandó al Rey de España con la solicitud de que pidiera perdón por La Conquista. Loret de Mola no reveló sus fuentes. Pero había publicado la información y aguantó el embate del presidente.

En octubre de 2019 Irma Eréndira Sandoval, secretaria de la Función Pública y encubridora del origen de la riqueza de Manuel Bartlett, mandó un oficio al periodista Carlos Loret de Mola para que revelara sus fuentes en el que basó su reportaje “Operación Saqueo”. El Oficio de Irma Eréndira Sandoval a Loret de Mola decía concretamente: “Me refiero a la publicación de su reportaje, difundido el día de la fecha (14 de octubre de 2019) en su medio electrónico de alcance nacional, intitulada, “Moches en Pemex pagaron campaña de Peña Nieto.”

Pero Loret de Mola aguantó el ataque y le respondió a la secretaria de la Función Pública: “No les voy a hacer su chamba”[5].

Pero según se puede apreciar, una vez en el ruedo, no todos están igual de valientes. Al parecer, Ciro Gómez Leyva no quiere que nadie le pida que revele sus fuentes, porque se va a poner a temblar.

En la columna de Francisco Garfias, en el periódico Excelsior, del 28 de marzo de 2020, se puede leer textualmente:

“La noche del jueves a viernes llegaron al hospital Siglo XXI cinco personas que fueron diagnosticadas con neumonía atípica. Traían todos los síntomas del coronavirus. A ninguna le hicieron la prueba. Murieron tres”.La versión la recogimos de médicos que tienen toda nuestra confianza. No están de acuerdo con lo que llaman estrategia “antiética” de subregistro del COVID-19.Si la difundimos no es para apanicar a nadie. Es porque conocemos la seriedad de la fuente y porque el gobierno no ha desmentido otras versiones que van en el mismo sentido”[6].

Digamos, según este testimonio, el gobierno sigue el mismo guión, a falta de pruebas, falta de casos, por los tanto, los muertos mueren de otras causas.

A quien escribe esta columna, un taxista hace unos quince días, le relató que un médico amigo de él, le contó que había en el país 700 muertos por coronavirus y que los estaban registrando como neumonía atípica. Se debería suponer que un taxista no es una fuente seria. Sin embargo, me llama mucho la atención dos cosas: la primera, es que en ese momento en el país, nadie hablaba de neumonía atípica; la segunda, es que si fuera cierta la denuncia de los funebreros de Toluca, de que en una semana hubo 70 muertos tan solo en esa ciudad por coronavirus y que los registraron como neumonía atípica, que hubiera 700 en todo el país hace 15 días,por coronavirus, pareciera perfectamente posible.

Claro si alguien habla de esto, lo acusarán de querer difundir el pánico como ha hecho el gobierno de López Obrador y sus seguidores, desde hace más de dos semanas, cuando su mesías seguíaproclamando que: “No nos va a hacer nada, los infortunios, las pan…demias”. Sin embargo, todos los esfuerzos del gobierno de López Obrador para que no se realicen pruebas y ocultar los muertos solo ha propiciado que mucha gente no se tome en serio el peligro que significa esta pandemia y siga deambulando en las calles. Con las consecuencias que esto tendrá para la salud de un gran número de mexicanos.

Ahora podemos preguntarnos porqué, en un país como España, califican a López Obrador como alguien que tiene una política criminal frente a la pandemia, y en México no. En México, parece que no se pueden decir cosas semejantes. La primera respuesta es porque son sociedades que tienen menos problemas en decir las cosas como son. Sin tantas vueltas. Sin tanto rubor. Y llamarle crimen al crimen. Sobre todo, en una situación límite como esta, donde no hablar claro no sirve para nada.

Otras investigaciones periodísticas en curso dan cuenta de que el gobierno de López Obrador ha hecho lo mismo, ha modificado las cifras reales del Sistema Único Automatizado de Vigilancia Epidemiológica en el caso de otras enfermedades. Por respeto a esos trabajos y a sus autores, no ofreceré los detalles en esta columna. Los darán a conocer sus autores en el momento que consideren oportuno.

A esta altura, la figura de López Obrador ya se había convertido hacía muchos días en el hazme reír del mundo, con su patética foto levantando sus amuletos para combatir el coronavirus, con sus invitaciones a que la gente siguiera saliendo a la calle y comiendo en restaurantes.

Pero el hecho de que le pusieran sobre la mesa los muertos por neumonía atípica le terminaba de incendiar su teatro, no le sería tan fácil ya esconder los muertos, y entonces el plan, fácil, casi crónico, acostumbrado en México de esconder los muertos en las tragedias, se haría más difícil. En México esconder los muertos se podría decir que es hasta parte de una tradición de los distintos gobiernos.  Esta fue la verdadera razón por la que López Obrador salió a recomendar que “la gente se quede en casa”. Una manera de decir, “ya chole”, para decirlo en palabras de él.

Pero ante el enorme ruido que metió en la escena pública nacional la difusión de datos o versiones, según quién lo mire, sobre los casos de coronavirus registrados como neumonía atípica, el subsecretario López Gatell este sábado se volvió a subir al barco del que había saltado el viernes cuando le colgó el teléfono a Denise Mearker y cuando no asistió a la conferencia de prensa vespertina, esta vez, lo hizo para desmentir la manipulación de cifras de muertes por neumonía[7].

Respecto a esto hay que decir, que después de López Obrador, seguramente el personaje menos creíble de este gobierno en torno a la crisis generada por el coronavirus es precisamente el subsecretario de Salud Hugo López Gatell.

También salió Hugo Gatell, en la misma conferencia, a decir, casi con cierta desesperación, “Quédese en casa, quédese en casa, quédese en casa.” Y remató: “Esta es nuestra última oportunidad”. En realidad, la última oportunidad había pasado hace al menos 15 días, cuando todos los países estaban tomando medidas drásticas y el gobierno de López Obrador continuaba burlándose de la pandemia.

El tono dramático de López Gatell, utilizado para decir esto en la conferencia de prensa vespertina de este sábado, asombró a muchos. Mucha gente empezó a preguntarse ¿Qué datos tienen? ¿Qué sabe el gobierno que ahora actúa con ese dramatismo y antes no hacía nada?

También en este marco, este sábado el país se enteró que el gobernador de Hidalgo, Omar Fayad, dio positivo en una prueba por coronavirus. Este domingo el gobernador de Tabasco Adán Augusto, dio a conocer a través de su cuenta de Twitter que también dio positivo a la prueba de coronavirus. Ambos han estado en fechas recientes con López Obrador. Se supone que cuando alguien ha estado en contacto con alguna persona que ha dado positiva ala prueba del coronavirus, debe estar en cuarentena. ¿Por qué López Obrador no está en cuarentena? Este sábado, en el aeropuerto de Tijuana, López Obrador no se dejó tomar la temperatura[8].

¿No hay acaso un juez que obligue a López Obrador a hacerse los exámenes para saber si tiene coronavirus?¿No es acaso un tema de salud pública el hecho de que el presidente pudiera estar contagiado de coronavirus por haber estado en contacto con personas que han salido positiva en los exámenes y que en ese caso continúe contagiando a medio México alegremente con sus giras?

Ya no digamos que la salud del presidente debería ser una cuestión de Estado, y por lo tanto, desde el Poder Judicial hasta la oposición exigirle que se haga los exámenes. También es una cuestión de salud pública. Nadie, absolutamente nadie, por más presidente que sea, tiene derecho a tener la posibilidad de andar contagiando a los demás si se le da la gana. Mucho menos, si esos contagios pudieran ser masivos, como lo serían en el caso de López Obrador, que ha seguido, hasta hace solo dos días, abrazando y besando y hasta mordiendo gente (en el caso de mordiendo a menores). Un Presidente tiene más responsabilidad que todos los demás ciudadanos, algo que parece que en primer lugar López Obrador no está enterado, y en segundo lugar en el espectro político, parece que tampoco.

El país tiene 2,500 ventiladores para atender casos graves de personajes con problemas respiratorios. López Obrador aseguró que ya mandaron a comprar cinco mil ventiladores más. Que, por supuesto, no se sabe todavía cuándo vayan a llegar. Esperemos que no sean como la pipas por las que mandaron a Marcelo Ebrard. Recién ahora mandan a comprar los 5 milventiladores, cuando López Obrador, mintiendo para variar, dijo que tenían un plan para la crisis del coronavirus desde hacía tres meses. El mismo López Gatell, dijo que se podría dar un escenario donde tuvieran que necesitar terapia intensiva unas 900 mil personas. Unos 7,500 ventiladores para 900 mil enfermos. Algo así como que no alcanza.

Ya van saliendo otros testimonios de médicos que dan cuenta y denuncian casos en donde en vez de tomar las medidas correspondientes han cambiado el diagnóstico, como el que se puede ver aquí en este video, donde médicos denuncian el cambio de diagnóstico, lo cual expone su propia seguridad:

 

Tal vez el llamado para que denuncien hay que hacerlo a los familiares de las personas a los que les han dicho en los hospitales que su pariente murió por neumonía atípica, ya que los médicos no pueden dar sus nombres. Podrían los familiares comenzar a mostrar los certificados de defunción y la causa de la muerte.

Siempre que el gobierno está actuando mal y está por el suelo llaman a la unidad. Apelando una forma moralista a la que si uno le dice que no, queda mal, y a un sentimiento patriótico que piden por favor poner por encima de las barbaridades del gobierno. Pero ¿Unidad con quién? ¿Con el mismo que hace solo quince días nos decía que las pandemias no nos vana hacer nada, que podíamos protegernos con amuletos y hoy nos dicen que es la última oportunidad?

Unidad tendríamos que tener sí, con un sentido de justicia y exigir que haya una investigación seria, probablemente con participación de instituciones internacionales como la ONU, para determinar cómo fue, y qué ocurrió, con una operación desde el gobierno de López Obrador para cambiar los diagnósticos de coronavirus y hacerlos pasar por neumonía atípica y así ocultar los muertos. Y unidad tendría que haber sí, no como un acto demagógico, no como simple sentimentalismo, sino para que sean juzgados los funcionarios que no tomaron medidas para prevenir la pandemia y sus consecuencias, y de esa forma son los causantes de la expansión del virus en el país.

Y bueno, faltan datos en la cronología, como el Vive Latino, quienes más han estado en contacto con personas que tienen coronavirus, como Jesús Ramírez Cuevas, que también estuvo con el gobernador Omar Fayad, quien debería estar en cuarentena, el mismo Hugo Gatell, los datos de la Ciudad de México, donde cambiaron la aplicación para llamar por casos de coronavirus, pero siguen atendiendo (más allá del teléfono) a mucho menos del diez por ciento de los casos, pero en una columna no entra todo. Hasta la próxima.

Nada más un dato. El gobernador Omar Fayad estuvo presente durante la conferencia de prensa en Palacio Nacional el día 18 de marzo[9], y hay que preguntarse entonces, ¿Por qué este gobierno irresponsable no ha puesto en cuarentena a todas las personas que estuvieron en contacto con Omar Fayad en Palacio Nacional?

 

 

 

 

 

 


Imagen de Marcelo Fabián Monges

Marcelo Fabián Monges

Escritor argentino, nació en la ciudad de Córdoba, 1964. Naturalizado mexicano. Ha colaborado en el Diario Página 12 de Buenos Aires. En México en la revista Mira (de Miguel Ángel Granados Chapa), en los periódicos La Jornada, Reforma y El Universal. Es autor del Proyecto de Convención contra los Golpes de Estado (2009). Es presidente de la Fundación Conciencia y Dignidad. Es autor de los libros: “A los 500 años de la ocupación de América” (1992), prologado por el Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel. “Chiapas cuando la dignidad se levanta y camina” (1995), con prólogo de Osvaldo Bayer (autor de la Patagonia Rebelde). “Un llamado a la humanidad contra el exterminio de la especie” (2002), con reseña de Carlos Monsiváis, libro que comprende un compendio de propuestas en contra del neoliberalismo, el armamentismo y la guerra. “Lucila entre el mar y el fuego”. Novela. (2007) “Cuando Hablo con Vos”. Novela. (2011) “Divina Mar”. Novela. (2012) Trump La Resistencia. Ensayo (2017)

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